Hace unos días me encontraba viendo la televisión (sí, todavía algunos perdemos el tiempo delante de la caja tonta) y, en mitad de un anuncio “salvaje” una de las personas que me acompañaba se puso a cantar de una manera histriónica el “asumbawééé“.
Ante la perplejidad de todos los que estábamos allí, nos comentó que había tenido que realizar una consulta a la empresa en cuestión (una aseguradora) y que le había hecho gracia que, en los momentos de espera, en lugar de la habitual “música de dentista” sonaba la música que acompaña el anuncio. Su valoración era muy positiva ya que, en su opinión, “al menos se diferenciaba del resto”.
Esta anécdota me ha hecho pensar en la cantidad de “interacciones” que tenemos con los clientes y en la escasa integración de contenidos y estrategias en muchos de ellos.
Todavía es normal que, por ejemplo, la estrategia de comunicación online de una organización no tenga nada que ver con la manerade enfocar su marketing en el resto de canales.
¿Por qué utilizar la misma típica y aburrida música de espera al teléfono cuando nuestra campaña tiene una música definida? No creo que sea algo realizado a conciencia sino más bien un problema de no tener en cuenta todos los puntos de contacto con nuestros clientes, algo que habrá que cuidar muy mucho en el futuro que se nos viene encima, en el que nos iremos encontrando con clientes cada vez más informados y curiosos con enormes posibilidades de evaluar una gestión de su experiencia con cualquier organización de manera completa y no tanto basada en canales, momentos o piezas.







